Por Hassel Fallas
La aparición de Internet revolucionó la tecnología y la forma de
comunicarnos también por la escritura. La incorporación al texto de tres
elementos – hijos de Internet– rompió el lenguaje tradicional para redactar:
- Elemento
multimedial: capacidad de contar las historias combinando texto con
imágenes, audios, videos y gráficos a la vez.
- Elemento hipertextual:
posibilidad de que el documento albergue otros por medio de enlaces
(hipervínculos) para que el lector vaya a otro o más textos, imágenes y
sonidos, y así profundice en antecedentes sobre la información de su interés.
- Interactividad:
característica que permite al lector ser una parte activa en la comunicación.
El lector decide el orden de la lectura, participa en foros, difunde mensajes,
comenta y responde los contenidos publicados.
Todos esos elementos –o al menos alguno de ellos– deben incluirse en la
escritura digital, la cual exige ir al grano, ser rápida y efectiva a causa del
dispositivo en el que leemos.
“La velocidad de la lectura en la
pantalla es un 25% más lenta que en el papel, de manera que el lector del texto
electrónico, sobre todo si no está habituado a este tipo de soporte, tiende a
saltarse palabras”, afirma Javier Díaz Noci, pionero en la investigación del
periodismo digital en Europa, en su libro La escritura digital.
En los Estados Unidos, los lectores de un diario tradicional terminan
siempre de leer lo que empiezan contra un 11% de quienes leen en un formato
digital, revela un estudio dirigido por Carole Rich, profesora de la
Universidad de Alaska Anchorage.
Por esa razón, quienes leen en la Web
dedican menos tiempo a ese ejercicio, escanean los documentos, y eligen
palabras claves o párrafos donde está la información que necesitan, según
investigaciones de Jakob Nielsen y de la Universidad Poynter (Florida).
“Al escanear el texto, el usuario
decide si le interesa o no, y si lo comenta, comparte o copia. Por eso, la
escritura para Internet debe ser breve, con párrafos cortos e ideas claras y
directas. Aunque hay excepciones, la longitud de los escritos no debería
superar las 600 palabras”, responde, ante una pregunta de Áncora,
Rosalía Orozco, jefa del Centro de Formación en Periodismo Digital de la
Universidad de Guadalajara (México).
Es aconsejable incluir viñetas y letras negritas para resaltar términos
clave en los párrafos, sin caer en excesos.
Toñi Ricoy, asesora en comunicación en línea y profesora de la
Universidad de Alcalá de Henares, también recomienda eliminar las referencias
temporales y localismos.
“Pueden leernos desde otro huso horario o en otro día. Debemos huir en
muchas ocasiones de referencias como ‘mañana’ y ‘ayer’, y trabajar más con
fechas exactas. Además, debemos utilizar un español más neutro, pensando en ese
alcance global”, expresa Toñi Ricoy.
Ricoy cree que esas características,
sumadas a la inmediatez que reina en Internet, alientan el coloquialismo en
la escritura. No está mal que sea así, pero con medida.
“En Internet, las palabras no se las lleva el viento: dejan huella.
Seamos directos, pero no excesivamente informales, sobre todo a la hora de
responder a los comentarios en un medio, en una red social o en un foro”,
aconseja.
Incluya títulos con palabras claves. Quisimos
titular este artículo así: Escriba con la pirámide y los robots en
mente, pero una de las reglas fundamentales para redactar para la Web pide
no abusar de metáforas u otras figuras literarias, por más sencillas que sean.
¿Por qué? Por la SEO (“search engine optimization”: optimización para
los motores de búsqueda), uno de los cambios más relevantes que Internet trajo
a la forma de pensar y plasmar la escritura.
Todos queremos que nuestros textos figuren entre las primeras opciones
mostradas por el buscador cuando alguien hace una consulta relacionada con
nuestro tema.
La SEO consiste en lograr esa ubicación. Entre otras formas, se la
obtiene cuando quien escribe el título de la noticia o el documento usa
palabras clave en él: las que emplearía cualquier lector que busca información
de su interés.
Por ejemplo, es más probable que un aficionado costarricense al club de
futbol Barcelona procure noticias del equipo digitando las palabras “Barcelona”
o “Barcelona FC” en lugar de “azulgranas” o “Barça”.
Entonces funcionaría mejor este título: “Barcelona ganó al Real Madrid
por dos goles”, y no este: “Azulgranas vencieron a los merengues en batalla
campal”.
Con la herramienta Google
Trends pueden descubrirse los términos de
búsqueda más habituales sobre un tema, y evaluar su peso para incluirlos como
palabras clave en un documento de alcance global o para un país en particular.
La pirámide aludida es la
invertida, recomendada por los expertos en comunicación digital. Es
ventajosa para hilar el discurso destinado a Internet, siempre que se le
incorporen algunos de los tres elementos propios de este lenguaje.
Escriba con el modelo de la pirámide
invertida. En su forma tradicional, este patrón consiste en comenzar el texto
contando la conclusión: la información más importante que responde las seis
preguntas: quién, qué, dónde, cuándo, por qué y cómo (las 6 W en inglés). Luego
se desarrollan los datos que tienen menor relevancia.
“La pirámide invertida sigue vigente y es más imprescindible que nunca;
pero ya no es la idea clásica, sino una estructura en la que incluiremos
ingredientes que la realcen, enlaces, infografías, elementos multimedia y otros
que llamen la atención y ayuden al lector”, detalla Toñi Ricoy.
Por eso, la pirámide remozada para la
Web ya no narra tres veces el hecho en el título, la entrada y el cuerpo del
texto, establece Guillermo Franco en Cómo escribir para la Web, su libro disponible en
Internet.
Gracias al hipertexto, ese esquema de redacción se liberó de las
repeticiones y supera uno de sus grandes límites en el papel, señala Ramón
Salaverría, catedrático de la Universidad de Navarra.
“Podemos construir discursos con
especial riqueza estructural [']. Esto no impide que subrayemos la utilidad y
la pertinencia de incluir, en el nodo inicial de esos hipertextos, un resumen
informativo –a modo de entrada de sumario– que permita al lector hacerse una
idea general del conjunto. Es obvio: el lector solo se aventurará a navegar en
un hipertexto periodístico si antes le suministran unos datos básicos que
estimulen su apetito de saber más”, precisa en su libro Redacción
periodística en Internet.
Además de la vieja pirámide, hay dos tipos más que sirven para organizar
la información destinada a Internet.
La pirámide lineal dividida
temáticamente. Esta expone, en la entrada, el tema principal y establece los
subtemas del texto por medio de intertítulos. “El intertítulo debe ser una
frase con sentido completo, que le diga al lector qué puede encontrar en los
párrafos que siguen”, sugiere Franco.
Si con los intertítulos se logra dar independencia a los textos, se crea
una lectura no lineal, que permite elegir la propia ruta de lectura y quedar
informado.
La pirámide de tercer nivel de
utilización. Guillermo Franco explica que cada subtema contiene aquí su propia
pirámide invertida. Sin perderse del contexto general del tema, el subtema se
sostiene por sí mismo.
El objetivo de ese modelo es
conseguir que el redactor produzca textos más pequeños y coherentes, dice JakobNielsen en su artículo Pirámides
invertidas en el ciberespacio. “El trabajo entero luciría más como un juego
de pirámides flotando en el ciberespacio que como un artículo tradicional”,
añade el investigador.
Como nada está escrito en piedra, aunque sea del mundo virtual, otros
teóricos plantean nuevos esquemas de redacción.
“Uno de los modelos recientes es el
“iceberg”. En la superficie aparece sólo el nodo inicial de la información
mientras el grueso de la noticia queda oculto hasta que el lector decida
sumergirse y encontrar mayor información, incluso en forma de hipertextos”,
confirma, a La Nación, Andrea Donofrio, doctor en Ciencias de la
Información de la Universidad Complutense de Madrid e investigador de la
Fundación Ortega-Marañón.
Lo que sí no cambió ni cambiará
Internet es la necesidad de redactar siempre con un uso correcto del
idioma; de otra forma, ¿cómo nos entenderemos?
*La autora es periodista y
estudiante de la Maestría en Periodismo Digital de la Universidad de Alcalá de
Henares. El artículo original se publicó el 21 de abril de 2013 en el suplemento cultural Áncora del diario La Nación de Costa Rica.